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jueves, 15 de mayo de 2025

Recopilación de episodios históricos legendarios (7/7)

 

Histocast –SXVIII- CAGADAS NAVALES

Curiosidades: Hay más de mil barcos naufragados en el Cabo de Hornos. La costumbre de ponerse un pendiente en la oreja (por aquel entonces) era un símbolo de que habías cruzado el Cabo de Hornos; cuantos más llevara la persona, más veces lo habría cruzado (solo así se te consideraba un “marinero”). Costas de Rusia: Mar Negro (controlado por Turquía) Mar Báltico (controlado por Dinamarca) y el Pacífico (el puerto de Vladivostok es un puerto de verano)

VICEALMIRANTE ROZHESTVENSKY

CONTEXTO: GUERRA RUSO-JAPONESA (1904-1905)

Todo esto se fragua durante el comienzo de la guerra Ruso-japonesa; más concretamente en la guerra del mar Amarillo, en 1904. Los japoneses en un ataque por sorpresa han tomado Port Artur, el actual Lushunkou, y han ejercido un bloqueo a los rusos. La importancia de esta actuación es mayúscula porque justo en las aguas de este puerto se encuentra la Flota rusa del Pacífico (una flota no muy grande pero eficaz). El zar Alejandro Romanov, ante esto, decide mandar a toda la artillería rusa del Báltico con la orden de ofrecer apoyo y deshacer el bloqueo (una flota no más moderna que la del Pacífico) y estos bajo la directriz del Almirante Rozhestvensky ponen marcha a un viaje que les llevará a recorrer unas aproximadas 20.000 millas (unos 32186 kilómetros)

El Almirante Rozhestvensky tenía buena fama entre los oficiales rusos; era apodado perro loco debido a su dureza para con los hombres bajo su mando. Aun así, pese a la capacidad aparente de este personaje, la flota del Báltico estaba prácticamente situada de forma estratégica y fue cuando se recibió la orden que las operaciones militares fueron reanudadas por esta célula. Otros problemas relacionados con esto fueron: la baja moral de los hombres (el ejército ruso no pasaba por el mejor de sus momentos, esto se hará inmanente durante el próximo declive del imperio Ruso)y el pobre entrenamiento (no formaban parte de un equipo del que se supusiese que iba a entrar a la acción). Pese a todo, la flota emprende su marcha desde el Báltico. Comienzan los problemas.

Los barcos, al tener que emprender un viaje que en principio sin ser tan largo como acabó siendo, ya era largo de por sí; iban cargados de carbón. Esto sobrecargaba extraordinariamente estos rudimentarios barcos, y para evitar zozobrar tuvieron que deshacerse de toda la artillería media (piezas de 100, 120 mm) quedándose únicamente con la artillería principal. Y a pesar de esto, era el peso de los barcos tan grande, que Rozhestvensky tuvo que prohibir que se enarbolara cualquier clase de bandera en el mástil principal (salvo las justas y necesarias) por miedo a que el viento hiciera peligrar al navío. Con todos estos inconvenientes, continúan por el Báltico surcando los estrechos de Dinamarca; cuando alcanzan el Banco Dogger o Doggerbank (Este nombre proviene de Dogge, una antigua palabra neerlandesa que corresponde al barco de pesca). El banco Dogger es un gran banco arenoso (acumulación de grava o arena a lo largo de un litoral o en el lecho de un río), situado aproximadamente entre Dinamarca y Noruega, conocido por haber sido escenario de varias batallas navales de la primera guerra mundial y por ser un lugar de escasa profundidad donde la pesca es abundante, especialmente se práctica aquí una conocida como “pesca de arrastre”. Pues bien, los vigías de la flota rusa divisan varias lanchas torpederas japonesas; dan la alarma, se colocan en línea de combate, y disparan al objetivo hasta haberlo neutralizado. Cuál fue su sorpresa cuando descubrieron que en realidad habían bombardeado y hundido la Flota de arrastre británica de Hul, que se encontraba pescando por la zona (se estima que en total hundieron 48 barcos).  Las repercusiones de este acontecimiento, ahora conocido como incidente del Dogger, fueron inmensas. Para empezar, este acto fue la comidilla de la prensa internacional, pero más importante aún fue la reacción del Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones) que en consecuencia a las crispadas relaciones entre Gran Bretaña y Rusia estuvo a punto de mandar a la flota británica, la cual se encontraba en las Islas Orcadas, y entrar en una guerra. Debido a esto, las relaciones con Gran Bretaña dejaron de ser positivas, y llegarán a firmar un tratado secreto con Japón en el que se decretaba que los británicos defenderían las costas japonesas si Rusia llegara a poner un pie en Japón. Pero más a corto plazo, y en lo referente a la flota de Rozhestvensky, este incidente fue un motivo de peso para cerrar a la armada el canal de Suez. Además, todos los puertos neutrales fueron puestos sobre aviso británico, dejando claro que no debían dejar desembarcar a la flota rusa. Esto plantea un problema logístico extremo.

Acontecido esto, emprenden dirección sur hacia el Golfo de Vizcaya rodeando la Cornisa Cantábrica, cuando Rozhetsvensky recibe un telegrama donde se especifica que desde el almirantazgo junto con el zar, han estimado que la potencia naval de su flota no es el suficiente y que por ello le enviarán otra flota de refuerzo(una flota compuesta a su vez de barcos viejos y sin un valor ante el problema real al que se enfrentaba Rozhetsvensky). Es entonces que el almirante ordena a la flota escapar a toda máquina de la flota de refuerzo. Prosiguiendo con su viaje, bordea Portugal, y a la altura de Tánger se proponen encomendarse al Mediterráneo con la esperanza de poder pasar por el canal de Suez en una gestión diplomática de última hora. En este punto, uno de los barcos queda enredado en un cable submarino, y el capitán del barco decide cortarlo sin consultarlo con nadie para poder quedar libre. Este cable era el cable de comunicaciones Europeo-Africano y África quedará incomunicada durante 4 días.

Gran Bretaña en este punto profesa un odio profundo hacia esta flota, y evidentemente les niegan el paso por el canal de Suez, por lo que embocan la costa sahariana y prosiguen hasta prácticamente llegar a las Canarias. Allí, uno de los buques más adelantados de la flota (el buque taller) avista a tres naves enemigas. Fijan los objetivos, y les disparan no menos de 300 cañonazos antes de reparar en que se trataban de un barco mercante Sueco, un barco pesquero Alemán y una goleta Francesa.

La flota continuó su periplo, y llegados al trópico, Rozhestvensky resolvió que habían de hacer un alto en el camino durante unos días con el fin de descansar y poner los barcos a punto. El almirante propone unas maniobras para entrenar a la tripulación y las primeras de ellas serán con la artillería principal de los barcos. Decidido esto, pasan una mañana completa disparando a un blanco fijo. Cuando terminada la jornada, el almirante recibe los resultados de las maniobras por medio de una hoja de blancos; el número de aciertos sobre el blanco fijado fue de uno.

No contento con esto, decide llevar a cabo una práctica de torpedos con los destructores. Recordemos ahora la rapidez con la que se había preparado esta flota bajo unos procedimientos y protocolos completamente obsoletos. A causa de esto, los destructores no tenían los libros de códigos actualizados (necesarios para determinar  y fijar la profundidad de la ruta y la dirección de los torpedos) Por lo que únicamente se atreven a realizar una primera práctica lanzando 7 torpedos, de los cuales uno quedó atascado en el lanzatorpedos, dos viraron noventa grados obligando a la flota a maniobrar para evitarlos, dos mantuvieron el rumbo pero no dieron en el blanco y el último de ellos quedó dando vueltas sin control, emergiendo y sumergiéndose en círculos durante diez minutos aterrorizando completamente a la tripulación. Acontecido esto, Rozhestvensky se limitará el resto del trayecto a navegar.

Una vez alcanzadas las inmediaciones del mar chino recibe un telegrama del zar, que le ordena en el mismo mensaje destruir a la flota japonesa y volver a Rusia para ser relevado de su puesto. Este mensaje sumió a Rozhestvensky en una suerte de resignación melancólica, y los entendidos de entonces aseguran que cayó en un estado de parálisis depresiva. El resto es historia, los japoneses obtuvieron una victoria aplastante sobre la flota rusa, y nuestro almirante fue hecho prisionero y devuelto con presteza a las estancias de Rusia, donde no sufrió mayor represalia por parte de sus superiores.

domingo, 12 de mayo de 2024

Recopilación de episodios históricos legendarios (6/7)

 LA CARRERA DEL GLORIOSO

Un nombre muy apropiado. Esta época dorada de la literatura sobre piratería, con obras como la isla del tesoro, nos remonta al siglo XVIII; más concretamente 1747. Durante la guerra del asiento, también conocida como “la guerra de la oreja de Jenkins”.

El Glorioso era un navío de línea español (un buque de guerra de tres palos con aparejo de velas cuadras (velas tropezoidales) y de dos a tres cubiertas artilladas), que portaba un tesoro traído de América. Por aquel entonces, países como Gran Bretaña y en su momento Francia se nutrían del pillaje, y les salía muy rentable establecer redes de espías en diferentes puertos conocidos. Aunque en este caso hablaré únicamente de los británicos. Estos aguardarían a que un barco recibiera un gran cargamento y avisarían a la comandancia, que pondría en juego sus respectivos efectivos. Es por esto que para cuando parte el Glorioso, ya habrían barcos británicos aguardando en las Islas Azores su llegada. Esto es porque por aquel entonces no existía un método para volver a América una vez llegado a Filipinas a causa de las fuertes corrientes del océano, y el viaje de regreso a la península una vez obtenido lo que se hubiera ido a buscar solo era posible encomendándose a la ciencia de la naturaleza, en este caso; a la corriente marina de Kuroshio o Kuro Shivo. Y aunque por suerte era un método eficaz para acelerar el viaje, no dejaba a los barcos directamente en el puerto de Cádiz, evidentemente, sino que continuaba hacia las Islas Azores. Normalmente, los navíos españoles se dejaban arrastrar, hacían aguas en las islas y aprovechaban para repostar fruta, agua y demás. Para ser más específicos acerca de este barco, el Glorioso, era un barco de setenta cañones, para más detalle; un navío de dos puentes muy bien armado. Este barco fue botado en la Habana en 1740 y estaba capitaneado por Pedro Mesía de la Cerda. Y su cargamento era de 4.000.000 de pesos en plata. Ahora que nos lo podemos imaginar con más precisión, reanudamos la acción.

El navío alcanza las Azores, y entre la bruma en un banco de niebla, desde el Glorioso se avista una formación inglesa. No sabrán cómo está conformada exactamente hasta que se disipe la niebla. Se trataba de una flota de diez buques ingleses, de los cuales tres son de guerra. El navío de línea Warwick de 60 cañones, la fragata Lark de 40 (La fragata es un buque de guerra concebido para actuar en misiones especializadas de escolta, guerra naval, antiaérea o antisubmarina, aunque puede disponer de sistema como de apoyo en otras misiones) y un bergantín de 20 (una embarcación de dos palos (el mayor y el trinquete) con bauprés y velas cuadras). Esto probablemente tendría su razonamiento táctico; pues el barco de línea era un barco potente pero pesado, la fragata que sería un buque mediano y el bergantín uno veloz y ligero.

Se establece el primer combate, y el primer movimiento lo hará el bergantín inglés que aprovecharía su tamaño y velocidad frente a un buque de línea para situarse en su popa, y desde allí barrer sus cubiertas. Sabemos que esta era la técnica más útil para rendir un barco; pues una bala de cañón desde popa atraviesa toda la cubierta y la sentina causando unos estragos que muchas veces llegaban a ser irreparables. Para evitar esto, los tripulantes del Glorioso trasladan rápidamente cuatro cañones de 18 y 24 libras a la popa e inician fuego; repeliendo finalmente al bergantín.

El comodoro Crookshanks, el líder de la flota, observa como el Bergantín ha sido repelido mientras prepara al Warwick para salir en camino y envía a la fragata con la intención de ganar tiempo y ponerse en línea con el navío español. La fragata acaba teniendo que retirarse esa noche con graves daños en el casco y en el aparejo debido a las andanadas del Glorioso. A las 2 de la mañana, el Warwick consigue ponerse en línea con el navío español; y tras una hora de cañoneo una andanada del Glorioso deja al Warwick sin mástil principal, sin aparejo, y el barco queda completamente inutilizado. Ante este espectáculo, prácticamente la flota británica se encontraba en sus manos, pero Mesía prefiere retirarse y no perder tiempo rematando al buque inglés, abandonando su objetivo principal.

Continúa su camino hacia España y realiza arreglos y reparaciones sobre el barco tras la contienda. Estos acontecimientos se sucedieron a mediados de julio. Para el 14 de agosto ya habrían alcanzado prácticamente el cabo Finisterre. En estas que el buque español encuentra de nuevo que salen a su paso una flota británica compuesta por el buque de línea Oxford de 50 cañones la fragata Shoreham de 24 cañones, y otro bergantín de 20. Estos le obligan a trabar combate, y tras una hora de cañoneo el Glorioso hace que los barcos deban escapar. Aunque esta vez, perdió el bauprés. Tras el combate deciden dirigirse a tierra y a los dos días llegan al puerto de Corcubión donde ya desembarcan la carga y llevan a cabo unas reparaciones mínimas con las que mantener la estabilidad del buque y llegar a Cádiz. El capitán Mesía que se plantea en primera estancia emprender rumbo al Ferrol deberá optar por continuar hacia Cádiz a causa de las condiciones climáticas.

El 17 de Octubre, durante el viaje a Cádiz, frente a las costas sureñas de Portugal se encuentra con un grupo de 5 fragatas corsarias inglesas, apodadas como La Familia Real. Esto porque todos portaban nombres de la familia real británica. Pues bien, el primero en acercarse al navío español será la fragata King George, y tras un breve intercambio de disparos queda fuera de combate. Poco a poco el resto de fragatas aprovechan para aproximarse paulatinamente al Glorioso para establecer combate contra él. Mientras todo sucede, al norte, desde el horizonte se puede divisar la llegada de un buque de línea inglés conocido como Darmouth; de 50 cañones. El galante trata de buscarle la línea de combate y comienza a disparar al Glorioso, con tan mala suerte que la primera andanada que recibió hizo blanco en la santabárbara (lugar donde  se almacenaba la pólvora en los barcos) y el navío saltó por los aires, muriendo todos excepto un estimado de 10 o 12 hombres. Tras esto, el resto de fragatas de la flota se retira.

El Glorioso, prácticamente inservible ya, a duras penas trata de alcanzar Cádiz; cuando el 18 de octubre un nuevo navío de línea inglés sale al paso. El Russell, con 80 cañones, que se une a las fragatas perseguidoras y acechan al Glorioso cañoneándolo y rodeándolo. Todavía defenderán el puesto durante todo ese día y toda la noche. Sin embargo, en la mañana del día 19, habiéndose quedado sin pólvora y sin municiones, con la tripulación más que extenuada y estando el barco en un estado tan deplorable; el capitán Mesía considerando imposible la defensa de la nave la rinde a los ingleses.

Éstos, sorprendidos por la fiereza de la nave, remolcan lo que queda del Glorioso hasta Lisboa; donde una inspección les asegura que el barco no podría entrar en el catálogo de la Marina Real británica. El capitán Mesía y la tripulación fueron trasladados a Londres donde fueron tratados con mucho respeto y admiración. Por su parte, tras el incidente de las Azores, el comodoro Crookshanks se enfrentó a un consejo de guerra que lo expulsó de la Royal Navy. Un detalle a tener en cuenta, es que para que un barco de estas cualidades se pudiera permitir rendirse, debían de haber sufrido un número de bajas superior al 50% y encontrarse en una situación apocalíptica prácticamente; pues si se rendían deliberadamente, así como Crookshanks podrían haber sufrido un consejo de guerra.

sábado, 17 de febrero de 2024

Recopilación de episodios históricos legendarios (5/7)

 SITIO DE AMBERES

El sitio de Amberes no fue el más largo de todos los asedios españoles en Países Bajos, y sin embargo, sí que fue el más impresionante en relación a la cantidad de cosas que pasaron en un periodo de tiempo que no alcanza el año. En esta época, Alejandro Farnesio; el duque de Parma, sobrino de Felipe II y primo de Juan de Austria; era gobernador de los Países Bajos. Todo lo que sucede viene precedido de la decisión de enviar al Duque de Alba al iniciarse la revuelta de los holandeses,  donde castigó a los rebeldes y reprimió la revolución. En vista de lo drástico que se mostró este gobernador y sus políticas, Felipe II trata de actuar en pos de un proceder benigno vaciando las ciudades de tercios viejos, tras firmar un acuerdo donde permitiría a las Países Bajos a auto gestionarse, y redirigiéndolos a la Lombardía italiana. Evidentemente, los Países Bajos que quedaron desguarnecidos, no tardaron en rebelarse y a excepción de Luxemburgo que se mantuvo fiel a la corona todos renegaron de ella. Es entonces que hubo de enviarse de nuevo a los tercios con el fin de reconquistar una a una todas las ciudades de los Países Bajos.

Amberes es una ciudad a orillas del Escalda, muy cercana a su desembocadura en el mar del Norte. En aquel tiempo esta ciudad monopolizaba el comercio de aquella de zona, y por ello su población rondaba los 100.000 habitantes. En aquella época, esto supondría a lo que sería para nosotros hoy en día una ciudad como Londres, por ejemplo. Todas las tropas de las naciones se fueron destinando las ciudades que habrían de conquistar. Pero Alejandro Farnesio, se guarda para sí Amberes además de las tropas españolas, que serían unos 10.000 infantes y 2.000 jinetes de caballería. Amberes contaba por su parte con diez baluartes robustos, los muros eran anchos y el foso muy amplio y profundo puesto que el Escalda es un río muy caudaloso. Toda la parte norte flamenca de la ciudad y todo el tramo del río que iba hacia el mar del Norte comunicaba directamente con Zelanda, una zona que llevaba tiempo siendo rebelde a la corona española. Por allí podía abastecerse fácilmente la ciudad de Amberes y resistir el sitio sin mucho problema. Por tanto, a la hora de sitiar la ciudad, el río se convierte en un gran problema logístico.

El planteamiento inicial era construir un perímetro fortificado al más puro estilo de César en Alesia, sin embargo, por mucho que las fortificaciones pudieran llevarse a cabo siempre quedaría una parte de estas expuesta y haría inútil esta estrategia; el tramo norte del río Escalda. Esto supondría tener que soterrar una parte completa del río con el fin de construir sobre este terreno, lo cual era una tarea imposible. Sin embargo a esta idea imposible le seguirá una idea impensable; consiste en construir un puente sobre las aguas del Escalda. A esa anchura, sobre la que se planteó, el Escalda ostentaba una anchura de 800 metros. Este puente haría de muralla contra los rebeldes y haría posible completar la fortificación. Filipo de Márnix, el gobernador de Amberes, cuando se entera de la intención de los españoles, se ríe públicamente de su intención en la plaza de la ciudad. Los españoles, por su parte, una vez completada la construcción perimetral terrestre, marchan a 50 kilómetros al sur, a la ciudad de Terramunda; para obtener los materiales necesarios para terminar el puente sobre el río.

Terramunda era una región entre Gante (a 100 kilómetros al sur de Amberes) y Amberes, con un frondoso bosque del que podrían extraer la madera necesaria para construir el puente. Se encontraban entonces preparando la artillería para hacer batería sobre las murallas de Terramunda cuando Pedro de Paz, el maestre de campo de aquellos tercios, recibió un arcabuzazo en la frente. A Pedro de Paz se le conocía cariñosamente entre las filas de los tercios como Pedro de “Pan”, puesto que se decía era muy querido y se comportaba con sus compañeros como si fuera un padre. Pues bien, fue tal la rabia que alcanzaron los españoles por la muerte de este hombre, que de nada sirvió a los soldados de Terramunda destruir un dique para anegar a los sitiadores y sus efectivos, porque los españoles, cargando en sus hombros los cañones y transportándolos con el agua hasta el pecho lograron instalarlos y destruir los muros. Era tal el ánimo de venganza que se respiraba en las tropas, que Alejandro Farnesio aprovechando que la operación no necesitaba de muchas unidades para llevarse a cabo, escogió de dos a tres hombres entre todas las compañías del tercio para que todas pudieran participar en el asalto y aquella operación de conquista no degenerase en masacre. El primer baluarte es conquistado rápidamente y la ciudad cae poco después. Con esto se hace posible aprovisionarse de los bosques y poco tiempo después las primeras vigas de madera estarían llegando al sitio donde se ha de construir el puente.

Marnix, nuevamente, demuestra su impresión cómica de los hechos: “Muy embriagado del vino de su fortuna estaba el de Parma, si pensaba que echándole un puente enfrenaría la libertad del escalda. Que no sufriría más el escalda los grillos de esas máquinas, que los flamencos libres el yugo de los españoles.”. Pero inevitablemente, las obras del puente comienzan.

Primero se colocan postes verticales emparejados con tablones para ir haciendo un suelo sobre la parte más profunda. A cada extremo del puente se crean dos fortines con la intención de guarnecer el puente, que es fortificado a su vez contra un posible ataque naval construyendo en la orilla de brabante hasta trescientos metros y en la flamenca unos setenta metros, quedando aún un espacio abierto entre ambas de 430 metros.

A todo esto, Gante se ha rendido a la ofensiva española. Esto es de gran importancia, pues entre Amberes y Gante hay un canal que comunica directamente ambas ciudades con Terramunda. Que se encuentra justo a las orillas de ese canal.

Al conquistar Gante sacan de allí una flota de 22 navíos y otros cuantos de Dunquerque. La intención de coger estos barcos era utilizarlos como pontones amarrados unos contra otros desde una esquina del puente construido hasta la otra, terminando de cerrar esos 430 metros. Estos pontones o barcos se espaciarían unos quince metros los unos de los otros y estarían firmemente amarrados. El problema es que para llevar los barcos justo al lugar indicado, habrían de reventar un dique e inundar la campiña para poder pasar los barcos a escondidas de los rebeldes. Sin embargo estos se harán conscientes y no tardar en preparar un reducto en un lugar estratégico impidiendo que los barcos pudieran circular. Ante esto Alejandro Farnesio decide construir un canal de 22 kilómetros de longitud para comunicar las aguas de la campiña inundada con un riachuelo que pasaba al norte de donde se encontraban y que desembocaba en el escalda; pudiendo evitar así el reducto de los rebeldes.

El mismo Farnesio coge una pala y comienza a cavar tratando de dar ejemplo a sus hombres. Esto es porque los soldados españoles eran hidalgos, y en aquel entonces el trabajar era símbolo de deshonra, nada caballeresco. Aun así, esto motiva a las tropas que en un mes habrán concluido las obras del canal (en Noviembre de 1584) y una vez queda inaugurado pueden llevar barcos y materiales tranquilamente desde Gante sin recibir represión de los holandeses. Serán necesarios finalmente 32 barcos para cubrir esta distancia de 430 metros que quedaba por cubrir en el Escalda. Estos navíos son fortificados y modificados con vigas metálicas a modo de picas mirando al exterior del río, preparadas para un ataque naval. El puente queda construido hacia Febrero de 1585 tras siete meses de construcción, completando la estructura de asedio perimetral.

Entonces Alejandro Farnesio, con el fin de ser tomado en serio por el gobernador de Amberes y que este tuviera clara su determinación, le envía un espía capturado con el siguiente mensaje: “Anda libre hasta los que te enviaron a espiar, y después de haberles contados por menudo cuanto has visto por tus ojos, diles; que tiene fija y firme resolución Alejandro Farnesio de no levantar el cerco antes que, si debajo de aquel puente haga para sí sepulcro o por él se haga paso para la ciudad”.

Pese a la espectacularidad de la infraestructura, había sido construido en cuestión de bastante tiempo, por lo que los rebeldes no se habían quedado quietos y también preparaban una obra de ingenio a los españoles. Federico Giambelli, un ingeniero italiano, afamado y renegado del Imperio Español, trabajaba en la construcción de unos navíos preparados para acabar con el puente. Se trataban de unos barcos gigantescos que portaban en su centro una suerte de construcción de piedra y ladrillo con su interior lleno de pólvora además de cuchillos, garfios, clavos, pedazos de cadena… se dice incluso que llegaron a meter ruedas de molino y lápidas de cementerio, todos estos materiales pendientes de actuar como metralla. Este contenedor era recubierto por una lona y sellado con pez, y además disponían una mecha de larga duración. Esto, porque estos barcos irían vacíos bajando el río Escalda y actuarían como “barcos-mina” detonando y usando todo lo anteriormente introducido como si fueran perdigones.

En la noche del 14 de abril, los rebeldes flotan y envían cuatro barcos-mina por la parte rápida de la corriente del Escalda, abandonando las tripulaciones las embarcaciones a 2.000 metros del puente. Los españoles, ya apercibidos de la llegada de estos navíos, observaban con atención la situación intrigados por el desenlace. De estos barcos, uno se hunde, dos se desvían a la orilla por la corriente, y el último choca contra el puente quedando encajado. Los soldados, que veían que no sucedía nada, suben a bordo del barco y entre risas se burlan de la tontería que acaban de hacer los holandeses. De repente la mina explota y todo lo circundante a la nave se desintegra matando en el acto a unos aproximados 800 españoles. La explosión fue tal, que se llegaron a encontrar restos a 9 kilómetros de distancia. Y Alejandro Farnesio, que solo salió herido, únicamente se salvó de subir al barco porque un alférez español que conocía personalmente a Giambelli le convenció de que no subiera, pues era conocedor de su mente maquiavélica y sus malas artes. Aun así, salió despedido con la onda expansiva. Contando con la oscuridad, realizan unas reconstrucciones de urgencia en el puente más estéticas que funcionales con el objetivo de aparentar no haber recibido daños. Los rebeldes, engañados, deciden no atacar esa noche con la flota por dar por ineficaz el atentado. Lo que si harán será intentar introducir un socorro a través de la campiña inundada con destino a Amberes. Para impedir este movimiento, el coronel Mondragón se instala en lo alto de un dique tras haberlo fortificado y se enfrenta simultáneamente a ambas flotas rebeldes, la que se dirigía a Amberes, y la que había salido de Amberes para alcanzar a los rebeldes. Había una lengua de tierra entre la campiña inundada por los españoles, y las inundaciones de los propios flamencos de Amberes.  Solo esto queda entre ambas flotas, y el coronel Mondragón la guarnece de soldados a la espera de Farnesio con el grueso de la flota. Y allí, les hará frente hasta disuadirlos.

Giambelli, insatisfecho, continúa diseñando armamento para los rebeldes. Consigue mejorar los barcos-mina mediante una serie de modificaciones en el fondo del casco que les impedía cambiar de rumbo. Sin embargo los españoles también habían previsto esto, y diseñaron un sistema por el cual los barcos podían desengancharse y abriendo y cerrando el puente, evitar todos estos explosivos. Las tropas ante esto se burlaban y regodeaban observando los dispositivos explotar en la lejanía. Pero Giambelli seguía maquinando. Puso otra idea en marcha; se trataba de un navío descomunal en cuyo centro se alzaría un castillo de planta cuadrada donde se situarían unos 1.000 mosqueteros y unos 20-30 cañones. Pues bien, tanta era la confianza depositada en esta última obra de ingeniería naval, que los rebeldes lo bautizaron como “El fin de la guerra”. Una vez logrado introducir este barco en el río, fingieron zarpar hacia el puente, centrándose todos los españoles entonces la defensa de este punto; pero cambiaron en el último momento de rumbo hacia la campiña inundada tratando de sorprender a los soldados. Sin embargo, el amplísimo calado del barco lo hizo encallar y acabó destruido. A modo de broma, los españoles lo rebautizaron como “Los gastos perdidos”.

En este punto los rebeldes, desesperados, optan por un todo o nada llevando a cabo un ataque frontal con una flota de 160 barcos, atacando el contradique defendido por el coronel Mondragón la noche de la explosión. Esto arrolla los fortines en primera estancia, aunque sin embargo el socorro compuesto por italianos y españoles que se debatían sobre quien obtendría mayor gloria en este enfrentamiento, consiguen defender la posición hasta que llega Alejandro Farnesio con todas las tropas. Algunas naves, sin embargo, cruzaron y llegaron a Amberes, informando a la población de que habían roto el sitio y que en pocos instantes llegaría la flota. Sin embargo, no era así. Alejandro Farnesio desde lo alto de la lengua de tierra, grito a sus soldados: “No cuida de su honor ni estima la causa del rey el que no me siga”, saliendo todos los soldados detrás de el a batirse en duelo contra los enemigos desembarcados.

El enfrentamiento no parece tener un claro vencedor por el momento. Un momento inestimable acontece, en el que italianos y españoles se arrodillan juntos a rezar a Dios solo para arremeter acto seguido contra los rebeldes; entrando en sus posiciones y arrasando lo que encontraban a su paso. Llegaran incluso a perseguirlos dentro del agua y tomaran los barcos espada en mano, produciendo una gran carnicería. Al final de la jornada habrían tomado 28 barcos, 65 cañones de bronce y varias vituallas del tren logístico; además de los 3.000 muertes frente a los 700 de la parte del Imperio español.

Después de esta demostración de poder, la población de Amberes empezaba a plantearse rendir la ciudad. El gobernador Marnix por su parte, trato de alargar la resistencia por medio de unas cartas falsas donde pretendía hacer creer que unas naves francesas navegaban en su ayuda, sin embargo se desmiente su veracidad y el pueblo acabará aún más enfadado. Con el paso del tiempo las rendiciones por parte de Malinas y de Bruselas llegarán a oídos de Amberes, y finalmente rinden la ciudad. El agosto de 1585 se produce la entrada triunfal, y por esta acción Felipe II entrega a Farnesio el Toisón de Oro (Se trata de un galardón que señalaba un grandísimo prestigio durante la época. El vellocino de oro del que estaba inspirado, señalaba la realeza). Una anécdota sobre Felipe II, es que al enterarse de la toma de Amberes de madrugada, saltó de la cama, y corriendo llegó a la habitación de su hija Isabel donde abriendo las puertas comenzó a gritar: ¡Nuestra es Amberes! Solo para terminar y volverse a dormir.

Faminiano Estrada, un gran cronista de esta época de oro imperial, habla de este sitio como uno sin igual y textualmente dice: “Nunca con más pesadas moles fueron ensenados los ríos, ni los ingenios se armaron con más osadas intenciones, ni se peleó con gente de guerra que en más repetidos asaltos hiciese más profesión de destreza y de coraje. Aquí se echaron fortalezas sobre los arrebatados ríos, se abrieron minas entre las hondas. Los ríos se elevaron sobre las trincheras, luego las trincheras se plantaron sobre los ríos. Y como si no bastara solo el trabajo de atacar Amberes, se extendieron los trabajos del general también a otras partes; y cinco fortísimas y potentísimas se acercaron a un mismo tiempo, y dentro del círculo de un año, a un mismo tiempo se tomaron”. Como foto final; se celebró un banquete colosal sobre el puente con largas mesas que se extendían de una punta a otra. Tras estas celebraciones, se desmantela el puente y se reconstruye una ciudad fortaleza erigida en su momento por el Duque de Alba, y que todavía es observable desde Google Earth, justo en uno de los meandros sobre los que se situaba el puente.

lunes, 12 de febrero de 2024

Recopilación de episodios históricos legendarios (4/7)

 

Ésta batalla es recordada como uno de los episodios defensivos españoles más excepcionales de la historia. Veremos cómo los tercios, aún en una inferioridad numérica pasmosa, lejos de rehuir el combate se lanzan temerariamente hacia la victoria (aunque tampoco te contaré antes de tiempo el resultado). Este episodio está a la altura del episodio del asedio de Cartagena de Indias, aunque es particularmente desconocido. Sin más demora, hablemos de los precedentes.

Sucede tras la batalla de Pavía (1525), aproximadamente entre el año 1535 y 1536 (he corroborado que puede ser incluso 1538) se forja una de las tantas Santas Ligas que se llevarán a cabo durante la historia de Europa. Está conformada por españoles, venecianos y el papado, y tienen como enemigo común el Imperio Turco, y cada uno por razones diferentes. A Venecia sus rutas le son de suma importancia (evidentemente) y su ruta comercial más importante era continuamente saboteada por los turcos. Para España, el problema es que el norte de la costa sur del Mediterráneo, y la costa de la Berbería (África del norte) son un nido de piratas. Y el papado conspira contra Turquía en base al peligro que supondrían para la cristiandad. El objetivo de esta Santa Liga es frenar la poderosísima flota turca al mando del virrey Kar-Ad-Din “Barbarroja”, y para esto tratarán de repetir la estrategia de la batalla de Lepanto con una gran flota cristiana que acorrala a Barbarroja en un puerto, ejerciendo un bloqueo, pero del cual éste es capaz de salir con sus aproximadas 170 naves llevando a cabo una maniobra espectacular que infunde el desánimo en esta flota cristiana. Tras esto hay un encontronazo que algunos califican como “batalla naval”, más concretamente la Batalla de Preveza, donde los cristianos finalmente se retiran. Esta sería la parte marítima de la Santa Liga, porque por el ámbito terrestre se habían propuesto establecer una cabeza de puente (fortificación armada que protege el extremo de un puente más cercano a la posición enemiga) en la costa Dálmata. Esto porque esperaban haber vencido en Preveza, y Castelnuovo se trataba de un lugar perfecto desde el que formar un enclave hacia territorio turco (lo que sería Bosnia hoy día) y dar un golpe de muerte a la parte europea del imperio Turco. Castelnuovo se encontraría en “Kotor” (antes llamado Cátaro y que hoy día se le conoce como Herceg Novi), un fiordo de Montenegro a cuarenta kilómetros de Dubrovnik, por aquel entonces, la famosa ciudad-estado de Ragusa (aliada del imperio español por su enemistad con los venecianos). En resumen, Castelnuovo es tomada por soldados españoles y Carlos V manda a la zona un tercio, formado por quince banderas (Cada una de ellas obtenidas con una respectiva victoria) que no habían obtenido todos como unidad sino que era el producto de la unión de varios tercios y sus consiguientes banderas (es decir no se trataba de un tercio “de casta” como se les llamaba a las más veteranas y expertas de las unidades), la mayoría de los integrantes de este tercio que pasaría a llamarse Tercio de Castelnuovo eran originarios del tercio viejo de Lombardía (Milán). Habían sido enviados allí como resultado de un motín que habrían iniciado en Milán (sobre esto hay diferentes teorías; muchos historiadores están de acuerdo a que será tras la batalla de Preveza que se disolverá esta Santa Liga, esto debido a la petición veneciana sobre Carlos V de desalojar al tercio con el fin de entregarles un territorio que ellos asegurarían “por proximidad” les pertenece, a lo que Carlos V se niega. Según esto, los Tercios de Castelnuovo habrían sido enviados allí con el fin de alejarlos de la península italiana tras su amotinamiento y con el fin de castigarlos). Una curiosidad sobre los amotinamientos es que realmente suponían el mayor riesgo a nivel logístico del ejército, y estos se sucedían continuamente, aunque se dice que los tercios españoles aguardaban haber completado el trabajo para solo después amotinarse. También se habla de la relación de Carlos V con sus huestes como algo realmente cómico. Estos soldados muchas veces morían sin haber visto siquiera una vez al rey, y el que lo hacía se sentía realmente afortunado. Tanto, que aprovechaban el prognatismo del monarca para llamarle: “¡Bocina!” Sin embargo, el rey, conocedor de las hazañas y el desempeño de estos sujetos, nunca llegó a hacer mayor caso a sus burlas. Por último, volviendo al tercio de Castelnuovo, tendrían a Francisco Sarmiento de Mendoza y Manuel como maestre de campo.

Trayendo de nuevo el episodio, Barbarroja, crecido después de la batalla de Preveza plantea recuperar Castelnuovo por la desventaja que supondría tener un enclave de tales características en tierra musulmana. Por lo que en el verano de 1539, en julio, se dirige al fiordo y comienza los preparativos para asediar la fortaleza con sustanciosos medios. Con el fin de dar un golpe decisivo, llega por tierra y por mar a la zona. Por mar llega con una flota turca de 130 galeras, 70 galeotas y 20.000 aparte de 4.000  jenízaros (la tropa de élite turca). Y por tierra, venían 30.000 soldados dirigidos por el ulema de Bosnia, dirigiéndose por la espalda de la fortaleza. En total, ya van unos 54.000 turcos desplegados en torno a Castelnuovo, la cual era una ciudad media que contaba con murallas y ciudadela sin llegar a ser nada del otro mundo. Sarmiento sabía de la intención de Barbarroja, y por tanto se habría dedicado a fortalecer los muros aunque francamente, no tuvo mucho tiempo para esto. Recordemos que contra este ejército se preparan 3.500 españoles y algunos añadidos como venecianos, etc… pero en total no llegaban a las 4.000 unidades (estaríamos hablando de una proporción superior de 10 a 1) Además, estaban completamente incomunicados, pues Venecia en consecuencia a lo anteriormente mencionado se habría quitado de en medio de toda esta operación y los tercios no contaban con muchos más aliados en el Adriático, por no mencionar que solo contaban con unas 20-30 galeras y que Barbarroja había cerrado todo el fiordo con su flota, así que tampoco contaban con una línea de suministros con la que abastecerse.

Con esto, Barbarroja instala su campamento y comienza los primeros trabajos de fortificaciones. A medida que avanzan en esto, lanzan los primeros asaltos y todos resultan ser un fracaso. En uno de estos asaltos, los españoles reparan en que las obras turcas comienzan a acercarse peligrosamente a las murallas de Castelnuovo y entonces decidirán hacer una encamisada. Las encamisadas consisten en un asalto nocturno de normalmente poca duración, donde con espada y vizcaína en mano el objetivo es reducir el número de las tropas enemigas resintiéndose las aliadas lo mínimo posible, y la destrucción de infraestructuras. Para ello, y de ahí el nombre, se disponían unas blusas blancas por encima del ropaje para poder ser identificados por los otros miembros de la encamisada en la oscuridad. Pues bien, en la encamisada de esa misma noche saldrán un total de 800 españoles que toparán con un gran contingente de jenízaros comandados por el capitán Ají. Estos son sorprendidos de tal forma que lo que comienza como una encamisada se convierte en una masacre. Las fuentes no nos dicen cuántos jenízaros cayeron en este asalto, pero se supone que el capitán Ají era uno de los favoritos de Barbarroja, por lo que probablemente fueron muchos los miembros de aquel contingente y los que cayeron aquella noche. De hecho, no quedo ni uno, ni tan siquiera el capitán Ají. Tras esto, las obras de los turcos quedan desguarnecidas, y a Barbarroja se le ocurre la idea de ofrecer a los tercios de Castelnuovo una rendición honrosa (o rendición de fortaleza). Se diferencia de cualquier otra clase de rendición en que aquí los sitiados saldrían con sus armas, pudiendo recoger sus banderas y sin recibir daño alguno o siendo usados de esclavos. A esto Sarmiento se niega con la frase: “Venid cuando queráis”. Esto no sienta nada bien al almirante, que decide poner en uso la famosa artillería de sitio turca la cual ha sido desplegada mientras discurría la negociación. Está artillería ha sido dispuesta en puntos estratégicos y destruye fácilmente las murallas de la ciudad al poco de iniciar el bombardeo. Tras esto los turcos comenzarán un asalto directo a las ruinas, donde los supervivientes los reciben dispuestos a luchar, y donde finalmente los turcos habrán de retirarse con aproximadamente 6.000 bajas frente a las 50 muertos entre los tercios. Se dice que muchos de los españoles murieron después del asalto a causa de las heridas, pero que no nos confunda el completo desbalance entre estas dos potencias, pues los tercios manejaban estos números habitualmente en sus enfrentamientos. También se dice de los jenízaros que envenenaban las puntas de las flechas (en Lepanto por ejemplo) pero esto es una elucubración.

Nos encontramos en las ruinas, con los tercios entre las estructuras aguardando una nueva ofensiva, pero como ya venía siendo costumbre se adelantarán a los turcos y organizarán esa misma noche una nueva encamisada. Aunque ésta, a diferencia de la anterior, no tendrá como objetivo frenar las obras o destruir las infraestructuras turcas, sino que acaeció directamente sobre el campamento turco. 600 españoles salen de las ruinas y se dirigen directamente hacia allí. Cuando los turcos se dan cuenta de lo que está pasando cunde el pánico, y se produce una estampida de tal magnitud que no solo tiraron todo aquello que encontraron en su camino: también tiraron la tienda de almirante de Barbarroja. Y es en este momento que la guardia personal de Barbarroja, temerosos de que quedara aplastado entre el tumulto de soldados que huyen desconcertados, lo cogen por los hombros y se lo llevan arrastrando a la flota donde acabará embarcado. Pese a todo, al tratarse de una encamisada, no se podía obtener de esta operación una victoria decisiva; por lo que se marchan disfrutando de uno de los muchos sentidos de la victoria. Tras esto el campamento turco es montado de nuevo y Barbarroja regresa a su tienda.

Los asaltos a las ruinas se continúan sucediendo hasta que los efectivos españoles se redujeron a 600 hombres y ni aun así se rindieron. En este momento Sarmiento decide que es momento de retirarse a la ciudadela. Durante esta retirada dirigida por Sarmiento y algunos de sus capitanes a caballo, Sarmiento recibirá tres flechazos en la cabeza, pero aun así no dejará de guiar a sus huestes hacia la ciudadela. Para aquel entonces quedarían entre 200 y 300 españoles en la ciudadela de la que solo quedaba una torre, y abajo, Sarmiento junto a sus últimos capitanes y tropas; que aún se estarían batiendo en duelo con el enemigo. Es en este momento que le tiran una soga desde lo alto de la estructura con la intención de auparlo. Sarmiento, ni corto ni perezoso, se giró hacia arriba y les dijo: “Nunca quiera Dios que yo me salve y mis capitanes mueran” y lanzando el cabo arriba de nuevo permanece luchando hasta morir. Poco después, quedarían unos 200 españoles en su mayoría heridos que tratarían de rendirse en el último momento. Muchos de ellos fueron ejecutados en el acto y otros fueron enviados como esclavos a Constantinopla, y aun así, de los enviados como esclavos; veinticinco lograron escapar en una barcaza, llegar a costas de Sicilia y salvarse. El sitio llega a su fin el 11 de agosto de 1539 (apenas un mes del comienzo de esta operación) y los turcos habían perdido un aproximado de entre 20.000 y 24.000 hombres. Lo que nos deja una proporción de que por cada español fueron asesinados cinco turcos (entre ellos todo el contingente de jenízaros). Como anécdota final, uno de los capitanes de Sarmiento, un vasco llamado Machín de Munguía; se había destacado entre todas las tropas en la batalla de Preveza por su compañía de vizcaínos, con la que estuvo defendiendo con uñas y dientes una galera veneciana averiada rodeada por tres naves turcas y a la que finalmente logró salvar. Esto le galardonó de un gran renombre entre los soldados. Éste fue uno de los últimos capitanes que quedó luchando junto a Sarmiento y fue capturado vivo por Barbarroja, dándole la oportunidad de trabajar para el en la galera (convertirse en renegado) o la muerte. Machín prefirió la segunda opción y fue decapitado allí mismo. Pese a la derrota, los españoles fueron reconocidos como prácticamente héroes mitológicos, y muchas de las anécdotas de este asedio recorrerían Europa de boca en boca de los juglares. Es así que nos llega una estrofa de un poema dedicado “a los huesos blancos de los españoles que relucen en la muralla de Castelnuovo” de Gutierre de Cetina, un poeta del siglo de oro español, en el que dice: “que envuelta en vuestra sangre la llevaste, sino para probar que la memoria de la dichosa muerte que alcanzaste, se debe envidiar más que la victoria”.

sábado, 10 de febrero de 2024

Recopilación de episodios históricos legendarios (3/7)

 

EL CONTRAALMIRANTE PIERRE Y EL VINO ADULTERADO:

Esta historia sucede durante el siglo XIX, más concretamente en 1883, durante la pugna de Francia y Gran Bretaña por Madagascar, isla africana al norte del paralelo 16. Esta es la historia del almirante Pierre y sus locuras y comienza tal que así: En abril de 1883 una poderosa escuadra naval francesa de cuya información completa nos es ignota arriba a Madagascar. En cualquiera de los casos, tiene como buque insignia el barco “La Fleur” y en virtud de un tratado de la época del cardenal Richelieu (principios del siglo XVII) el Almirante/Contraalmirante hace gala de su derecho nacional sobre la isla iniciando varios bombardeos sobre las ciudades costeras de Madagascar. El 31 de mayo de 1883 Pierre llega a la capital, Tamatave (aunque realmente la capital espiritual era Antananarivo), y decide lanzar un ultimátum al gobierno de los hova (la etnia mayoritaria que gobernaba por aquel entonces Madagascar, más bien el Reino de Imerina.) Los hova eran una de las tres castas dominantes, en concreto la más influyente. En cualquiera de los casos, el ultimátum del contraalmirante decía así: si no entregaban todo Madagascar, abriría fuego sobre la ciudad (una ciudad indefensa). Para “suerte” de la ciudad, un cónsul británico llamado Pakenham, que se encontraba en ese momento bastante enfermo pero que aun así tratará de protestar ante los franceses se encontraba en la zona. Sin embargo, estos le dirán únicamente que se ocupe de sus asuntos. También había un balandro británico en el puerto de Tamatave, propiedad de un tal “Johnston”, por lo que Pakenham ordena a los ciudadanos británicos de Tamatave que se refugien en el barco por si el almirante francés llegaba a cumplir su amenaza.

Aun así, Pakenham no estaba dispuesto a abandonar el consulado, y pide a Johnston que le preste a veinte de sus marineros para enviarlos a tierra a vigilar el edificio del consulado. La noticia sobre este desembarco, que no tardó en llegar a oídos del almirante francés, es interpretada como una invasión británica y lo enfada sobremanera. Así exige a Johnston que retire su barco de la costa, y este, al verse frente a una escuadra entera accede a anclarlo lejos del puerto. Por otro lado el ultimátum del almirante ha expirado y los hova ignoran las exigencias del almirante, así que tal y como prometió, el almirante Pierre comienza su bombardeo sobre la ciudad de Tamatave.

Como no había tropas de los hova sobre las que disparar, se concentraron en un fuerte deshabitado y desvalijado que no contaba con siquiera una bandera enarbolada o cañones. Localizado en uno de los extremos de Tamatave, sobre un promontorio (una elevación de tierra similar a un monte de poca altura). Seis grandes navíos de guerra franceses pasarán dos horas disparando sobre un fuerte vacío antes de que las tropas se dirijan a la ciudad. Para aquel momento, la ciudad estaba desierta porque los habitantes habían huido despavoridos ante la ofensiva de los franceses; las casas de los nativos, construidas con paja, ardían y se consumían en fuego. Sin embargo, a bordo del buque insignia francés, el almirante insiste en que los incendios eran producto de los incendiarios de los hova, que ayudados por los marineros británicos que salvaguardaban el consulado, planteaban esta estrategia como ofensiva ante el ataque francés.

 Pasado el día, los artilleros franceses se detienen para desayunar, y es entonces que algunos ciudadanos británicos que aún quedaban en tierra aprovechan para  comprobar el estado de sus casas. Algunas estaban agujereadas por los cañones, otras, se habían incendiado; pero milagrosamente ningún hova había salido muerto o herido. A las once y media comienza una nueva batería de cañonazos que solo se detendrá al anochecer, con el mismo resultado que la ronda del día anterior. Aun así, este fuego producido por los cañones franceses fue tan indiscriminado, que llegaron a quemarse casas de la comunidad francesa. Una incipiente lluvia pone fin al ataque del Contraalmirante Pierre sobre Tamatave.

Al día siguiente envía a unos exploradores que habrían de cerciorarse de si era seguro desembarcar sus tropas. Pierre les advierte de que los hova habrían tendido trampas, minas y mecanismos ocultos y que debían actuar con sumo cuidado. Cual fue la sorpresa de este dispositivo francés, cuando llegan a tierra y no solo no encuentran nada de eso, sino que la población, animada por el cese del bombardeo, regresa a la ciudad, y de hecho ninguno de los pobladores muestra ápice alguno de recelo o resentimiento sobre las guarniciones. Por el contrario, únicamente tratan de alcanzar sus casas y comprobar las reminiscencias de los que fueron sus hogares.

Ante esto, se declara vía libre. Los 600 hombres bajo el mando de Pierre desembarcan en la playa, ocupan el fuerte que habían bombardeado y el contraalmirante declara el estado de sitio de Tamatave, comunicando al cónsul británico que la ciudad quedaba bajo la ley marcial. El cónsul británico no puede explicarse nada de lo que está sucediendo. Ni la ley marcial; que necesita de un enemigo para declararse; ni el proceder general, bombardeando durante dos días sin un resultado real salvo la destrucción de las infraestructuras de la ciudad, eran justificables. Y de hecho, se preguntaba cómo explicaría Pierre todo esto en París.

Mientras sucedía todo esto; un tal Shawn, un misionero británico, trataba de reconstruir su casa destruida por los proyectiles franceses. Shawn tenía un gran dispensario con un amplio contenido en medicamentos y frascos. Los franceses habrían dispuesto un piquete en torno al edificio con el fin de proteger un material tan importante tanto de los ataques como de los saqueos. Shawn descubre al día siguiente que su dispensario ha sido asaltado y que muchas de sus medicinas habían sido robadas, además de varias de sus mejores botellas de clarete, las cuales los piquetes franceses habían sustraído de la bodega. Simultáneamente, el estrés de la ocupación francesa reacciona negativamente sobre el enfermo cuerpo de Pakenham, que sucumbe a una grave dolencia renal. Y Johnston, mientras Pakenham agoniza, se autonombrará cónsul en funciones y tratará de representar los intereses británicos en Tamatave. No tardará mucho en pasar a la acción, porque el misionero llega al viejo fuerte de los hova ahora ocupado por las tropas francesas con la intención de quejarse del allanamiento de morada sufrido y del robo sufrido.

Pero sorprendentemente, es arrestado de inmediato por el comandante francés que lo sube a bordo del crucero “La nieve”, consiguiendo así el Contraalmirante su archibuscado enemigo.

Presenta entonces un asombroso ultimátum al moribundo cónsul británico en el que este habría de abandonar la isla en 24 horas. Pero este ultimátum nunca pudo llevarse a efecto, pues Pakenham murió ese mismo día, más concretamente a las doce horas de tramitarse este ultimátum.

A bordo del buque de guerra francés, el misionero ya furioso y sorprendido, descubre que está detenido por ser sospechoso de envenenar a los soldados franceses con vino adulterado con droga. Según la acusación francesa (aunque más bien del Contraalmirante Pierre) él trabajaría a sueldo de los hova, y habría insinuado a los piquetes que vigilaban su casa que tenía botellas de vino y donde se encontrarían con el fin de que los soldados se las llevaran. Textualmente decía: “Cuando vinieron a instalarse encontraron en el jardín botellas de vino evidentemente exhibidas para tentarlos. Los que probaron el vino cayeron repentinamente en un estado de intoxicación letárgica. El oficial al mando rompió inmediatamente las botellas y derramó el líquido, guardando una botella como muestra, que se encuentra actualmente en Reunión para su análisis químico.”

A pesar de todos los esfuerzos del capitán Johnston, el misionero permanecerá bajo arresto durante diez días en uno de los navíos, aislado hasta el punto en el que Pierre le negará a su mujer poder visitarle. Aquí es evidente que el estado mental del Contraalmirante se va deteriorando aún más por la tensión nerviosa que le genera esta situación, e incluso los tripulantes, sus subordinados, empezarán a considerar su actitud errática sospechando de su cordura.

El 26 de junio ordena a sus hombres detener y registrar el vapor británico “Taymouth Castle” exigiendo al capitán que le entregase el correo que llegaba a Tamatave. A continuación, ordena al cónsul en funciones, Johnston, que entregue todo su despacho (es decir, su correo y demás archivos con la función de comunicarse) al almirantazgo británico a través del buque de insignia francés. Ambas actuaciones fueron, en la época, constitutivamente ilegales. Ya que con la primera acción incurriría en un acto de piratería, y el segundo, interponiéndose entre las comunicaciones de un país y sus subalternos, un acto de guerra. Ante la neurótica actitud del contraalmirante, Johnston consigue mandar su despacho de estraperlo a Zanzíbar y dispone su barco para el combate por si fuera necesario resistir a una ofensiva por parte de los franceses. Afortunadamente el cónsul británico de Zanzíbar se pone al corriente de la situación y telegrafía a Londres indicando que el Contraalmirante Pierre estaba “fuera de sí”, que éste había cortado las comunicaciones con Madagascar, y que había obligado a los residentes extranjeros a arriar su bandera nacional.

Es innecesario decir que el tendido telegráfico entre Londres y París comenzó a echar chispas entre acusaciones y contraacusaciones, pues en París no tenían idea alguna los hechos; hasta que finalmente el ministerio de asuntos exteriores francés se ve obligado a admitir su completa perplejidad ante el comportamiento de este Contraalmirante, especialmente sobre el misionero hecho prisionero y sobre todo el episodio del vino adulterado. El 7 de agosto, después de dos meses de aprisionamiento, unas órdenes directas de París obligan a la comandancia a liberar al prisionero por falta de pruebas. Tras esto, el Contraalmirante marchará aún enfermo a Francia, donde dejará la marina y fallecerá poco después. A día de hoy sabemos que posiblemente el estado mental del Contraalmirante Pierre se debiera a un tumor cerebral, que puede llegar a transformar el comportamiento. En honor al capitán Johnston que había mantenido la bandera británica alzada con sorprendente audacia, llegará un nuevo almirante con una escuadra británica lo suficientemente poderosa como para poder hacer frente a la francesa si se desataban hostilidades, por lo que se neutraliza el conflicto. Y Shawn regresó a Inglaterra donde tuvo una gran acogida, y donde gracias a los buenos oficios de Lord Granville obtuvo una indemnización por parte de Francia de 1000 libras con el fin de cubrir su detención ilegal de 54 días.

lunes, 5 de febrero de 2024

Recopilación de episodios históricos legendarios (2/7)

 

TOMA DEL FUERTE DOUAUMONT:

Sucede durante la batalla de Verdún, en Francia (21/02/1916-18/12/1916) durante el transcurso de la 1º Guerra Mundial (1914-1918), más concretamente el 25 de febrero de 1916. Este hecho histórico es tan impresionante, que si no estuviera corroborado muchos podríamos llegar a pensar que se trata de una exageración o de una fantasía. Pero nada más lejos de la realidad, los acontecimientos discurrieron tal y como te voy a explicar. En la batalla de Verdún, una de las batallas más sangrientas de la historia de la humanidad, esta no fue sino una escaramuza corta y memorable. Decían del fuerte Douaumont que era el más sólido y fuerte del mundo, pero fueron quizá la falta de comunicación entre los mandos y lo imprevisible de lo acontecido las razones por las que sucederá este hecho que algunos llaman desastre, y otros, hazaña. Sin más dilación hablaremos de ello:

En 1916 una avanzadilla alemana se movía cerca del fuerte (unos 64 kilómetros aproximadamente) y junto a esta avanzadilla iba un cuerpo de exploradores, cuyas tareas variaban desde cortar alambradas hasta eliminar cualquier clase de impedimento al paso del ejército alemán. El fuerte francés en este momento se encontraría ocupado por 56 artilleros, y sin embargo, no habría ningún mando. Esto sucede porque el gobernante de Verdún delega en el general Paul Chretién la tarea de ocupar el fuerte y defenderlo hasta el último hombre. Sin embargo, Chretién será trasladado in extremis, y este informa al sustituto de que la orden de ocupar el fuerte ya se había dado. Pese a todo, la orden no llegará a cumplirse y así quedaran estos 56 hombres apostados en el fuerte sin nadie que los dirija.

Volviendo con los alemanes, la avanzadilla contaba con un grupo de diez exploradores liderados por el sargento Félix Kunze, y deciden acercarse paulatinamente al fuerte. Curiosamente, no reciben ninguna clase de agresión (disparos, señales) y con más apuro alcanzan el foso del fuerte. Una vez dentro del foso, deciden hacer una pirámide humana con la intención de entrar al fuerte a través de las troneras (agujeros excavados en el muro de la fortificación por los que se sacan los cañones). Esto fue posible gracias a que los fuertes de aquella época no contaban con muros excesivamente altos, sino que contaban con gruesos muros llenos de tierra que tenían como objetivo soportar los envites de la artillería.

Así será que el sargento Kunze junto a otros dos hombres suben al fuerte y comienzan a recorrer sus pasillos. Kunze encuentra a cuatro artilleros encargados de la artillería principal y los captura. Camina con ellos por el pasillo y para cuando esto sucede ha perdido de vista a sus compañeros alemanes. Llegado a la superficie, los artilleros franceses logran zafarse y escapar por una de las múltiples entradas del fuerte, haciendo que Kunze los siga. Mientras desorientado por el fuerte trata de encontrar a sus rehenes, se fija en que hay un barracón iluminado y se dirige a examinarlo.

Para su sorpresa, encontró reunidos a más de veinte franceses, de perdidos al río Kunze atraviesa el umbral y arma en mano procede a detenerlos a todos. Justo en este preciso momento, un obús impacta contra el fuerte y se va la luz. El sargento, sin perder un momento, sale de la habitación y la bloquea por fuera encerrando a todos estos soldados; tras esto se convence de que no lograrán salir y continúa recorriendo el fuerte. A su paso encontrará otro soldado francés, pero Kunze lo detendrá sin problemas solo para proseguir su expedición. Poco después, llegará a lo que le pareció la cocina de oficiales; y sin duda, este exhausto militar advocado a una de las más sangrientas batallas de la historia, disfrutó de la mejor de las cenas en meses. Allí fue encontrado por los mandos de la avanzada alemana, quienes le hallaron disfrutando de su suculenta recompensa tras haber tomado el que se consideraba el más inexpugnable de los fuertes sin haber realizado siquiera un disparo. Más tarde, gracias a sus tropas marroquíes, los franceses lograrán recuperar el fuerte; aunque en el proceso sufrirán un total de unas aproximadas 10.000 bajas.

jueves, 16 de noviembre de 2023

Recopilación de episodios históricos legendarios (1/7)

SITIO DE ALESIA:

Alesia fue la capital de los mandubios (una confederación de tribus galas que vivieron en las regiones de lo que hoy es Borgoña y Jura). Una de las tribus galas aliadas con los poderosos heduos (un pueblo celta de la Galia prerromana, en la Francia contemporánea, que se asentaban en las áreas del valle del río Saona)

El sitio de Alesia es un episodio de la historia especial; es de aquellos casos, que si no es único, deben de haber contados símiles. En resumen: A los sitiados, mientras tratan de librarse de sus sitiadores, sus sitiadores a su vez son sitiados; y por tanto los sitiadores han de librarse de sus sitiadores mientras tratan de sitiar a los sitiados. Sucede en el 50 a.C aproximadamente. César aún es procónsul  (es decir, Roma aún era una república y no un Imperio) y envía un despliegue militar extraordinario a pacificar el territorio galo a petición de otras tribus galas sirvientes de Roma. Lo que sucedió a continuación, podría asemejarse al desdoblamiento de conquista Napoleónico con el que José I acabará siendo rey. El ejército romano, conmovido por la fertilidad y espesura de aquellas tierras, por sus ríos y su fauna: decidió asentarse en la Galia a consecuencia de tener que enfrentarse contra las tribus endémicas. Por supuesto las matanzas por parte del ejército romano sobre las tribus se sucedieron en consecuencia a la potencial amenaza bélica que suponía este cuerpo militar por aquel entonces, y esto impulsó a las tribus galas a aliarse en pos de defenderse del enemigo común. Esto sucedió durante un concilio en Bibracte (la actual Borgoña) donde se eligió como líder de las tribus galas a Vercingétorix; y con éste al mando se enfrentaron al invasor.

El primer problema que los galos encontraron, fue la superioridad de las huestes romanas frente a las galas en el clásico “cara a cara” en campo abierto. Tanto es así, que incluso con ejércitos mejores preparados que el romano también perderán y solo saldrán victoriosos de la batalla de Gergovia. Esto les llevará a adoptar una estrategia de “tierra quemada”. Consistirá en huir de las tropas romanas quemando las cosechas y estructuras a su paso para desabastecerles. Y los romanos, sin línea de suministros, no tardarían en debilitarse y sentirse cansados ya que las únicas provisiones con las que contaban eran las que llevaban encima. Por cuestiones humanas de aquel entonces como pueden ser: la honra y el orgullo, las tribus galas aún intentaron plantar cara a los romanos repetidas veces con nefastos resultados. En vista de esto, Vercingetorix, que planea enfrentarse al ejército romano con sus fuerzas al completo (reagrupando a sus tropas, y aguardando los levantamientos de los pueblos galos que comenzaban a rebelarse) se establece en lo alto de Alesia con 80.000 hombres y manda fortificar el terreno. El ejército galo al completo supondría un cuerpo militar seis veces mayor que el romano, y Alesia, era un enclave estratégico muy importante.

Alesia es una meseta de 150 metros de altura y 18 kilómetros de perímetro sobre el monte Auxois con buenas defensas naturales; el río Lutosa (actual Ose) al norte, y el Orserain al sur (Ambos tributarios del Sequana (Sena)), y el Brenne al oeste. Este accidente geográfico contaba con el Pennevelle al este; al norte, el Bussy (nordeste) y el Rea (noroeste); además del Flavincy en el sur. Todos aquellos eran montes por cuyos valles se extendía el cauce de éstos ríos. Por último, la vegetación de la meseta era frondosa, y la estrechez de la única llanura que se extendía suponía un impedimento para las cargas. Así pues, la posición de altura estratégica, y las sólidas fortificaciones galas (empalizadas con tierra y vigas de por medio) dejaban a los romanos con la única posibilidad de enfrentar a los galos en una ofensiva en la que habrían de sitiar un territorio que planteaba desde el comienzo problemas para ellos. Por su parte, César, que distaba de ser un novicio del campo de batalla; contaba con 10 legiones (que serían unos 50.000 hombres) y se enfrentaba a otro inconveniente aparte de la imposibilidad de acceso a Alesia. Como bien he mencionado, se preparaba un ejército galo que superaría en número las legiones de César sustancialmente, y era cuestión de tiempo que fueran metidos en la desventajosa situación de una batalla a dos frentes. Además, por medio de algunos galos convertidos en rehénes, César supo que aparte de los 80.000 hombres del ejército de Vercingetorix Alesia contaba con más de 10.000 habitantes; y que el cómputo global de casi 100.000 galos solo contaba con provisiones para treinta días. Todo esto le lleva a pensar que debe rendir Alesia mientras aún tenga tiempo, y ordenando el asedio de la misma, comienza “el sitio de Alesia”.

Lo primero que hizo César fue prevenir las salidas, creando un perímetro de 23 fuertes y cavando zanjas de aproximados 6 metros de ancho en el oeste de Alesia, entre los ríos Ose y Orserain, creando un dique que les impidiera escapar (Muy al estilo de los titulum, zanjas paralelas situadas en orientación a las salidas de las fortalezas.) Ésta era una táctica muy típica del ejército romano y además muy eficaz. Si por ejemplo los celtas hubieran querido salir en algún momento, digamos, en un barrido sorpresa nocturno con la caballería; les habría resultado imposible por los titulum, las zanjas y los fuertes. Sin embargo esto no fue sino el comienzo de la labor de construcción romana; de quienes se decía que más que hábiles con sus lanzas y espadas, lo eran con sus palas.

A 400 metros de donde habían construido las primeras zanjas, construyeron dos fosos paralelos de 6 metros de ancho, 6 de profundo y  unos 16 kilómetros (cada uno) que rodeaban la ciudad. El primero de los anillos, por medio de drenajes y uso de los ríos de la zona, fue colmado de agua. De mientras, entre los dos anillos, se dedican a posicionar tarugos (lengüetas de hierro con punta de treinta centímetros de grosor y forma de garfio enterradas sólidamente en la arena con estacas) que enterrados se perdían de la vista de cualquiera que no supiera donde yacían. Por la estructura del instrumento y su localización, los pies de los enemigos quedarían profundamente atravesados y sería prácticamente imposible soltarse o desvalijar la trampa. Luego dispusieron ocho hileras de hoyos con lilias (estacas dispuestas con el fin de empalar ocultas por un manto de hierba y hojas) además de otras cinco zanjas más de un metro y medio con ramas de asta de ciervo (con forma de vara espinosa; recolectadas y talladas manualmente) con un uso muy parecido al del alambre de espino.

Más adelante y en consecuencia al hambre que asolaba a los celtas, sucede un episodio en el que Vercingetorix ordenará a todos los hombres que no puedan luchar que abandonen Alesia. Esto con el fin de reducir el número de bocas que alimentar, aunque a los desertores les sirviera para ser asesinados o hechos esclavos por los romanos. Sin embargo, los romanos no les dejarán pasar más allá de la línea de asedio, y los civiles quedarán contenidos y condenados a morir de hambre en tierra de nadie bajo la vista de romanos y galos (con todo el desgaste psicológico que esto conllevó). En el 52 a.C Alesia está sitiada y a punto de caer, un gran número de hombres adorna la tierra de nadie en un horrísono espectáculo en el que la mayoría han muerto de hambre y algunos todavía se debaten entre la vida y la muerte.

De repente, un ejército sobrecogedor e inmenso irrumpe en la zona. Era el ejército galo del que tan temeroso se mostraba César, compuesto por unos aproximados 250.000 galos. Las cifras del encuentro se contabilizan ahora en 50.000 romanos contra 300.000 galos. Sin embargo César, quien había sido prevenido, mandó fortificar el campamento romano pero ahora para defenderse de sus sitiadores.  Se creó un nuevo muro defensivo y un anillo de características similares pero de 20 kilómetros de longitud, con cuatro cuarteles de caballería, otros cuatro de infantería y torres cada 25 metros (entre unas 1.500 y 2.000 torres). Otra ventaja, era la inexistencia de un sistema de comunicación entre ambos frentes galos, por lo que no tendrían manera de coordinarse o ponerse de acuerdo. Los de la ciudad de Alesia salían bajo la comandancia de Vercingetorix. Por medio de bronce y metales bruñidos, al contrario que los galos, los romanos eran capaces de comunicarse aunque rudimentariamente de una manera eficaz. Por lo que César podía disponer de sus tropas en torno a los 20 kilómetros del terreno satisfactoriamente, dejando siempre una parte de su ejército descansando. Se inicia una nueva batalla de desgaste donde las bajas de los galos se suceden, y en el segundo día, los galos descubren un punto débil de la estrategia defensiva romana y deciden aprovecharlo lo máximo posible: aunque no podrán culminar debido a sus tropas diezmadas. Finalmente, en una audacia estratégica, César reúne a su caballería restante (entre ellos muchos mercenarios germanos) y lleva a cabo una última carga en la que él mismo participará, saliendo y tratando de dispersar a las tropas restantes.

Es importante comprender la naturaleza hostigadora del ejército romano, que con sus catapultas de torsión (que disparaban grandes virotes, lanzas y piedras), su arquería y las defensas del entorno se conformaba como un temible enemigo en cuestiones tácticas. Tras tres días luchando, pese al gran número de galos; el desgaste ya no solo físico sino también psicológico y las innumerables bajas aliadas les llevaron a batirse en retirada. Se dice que éstos no fueron perseguidos y ajusticiados por los romanos durante su huida (como era costumbre para rematar estos conflictos de la antigüedad), por lo exhaustos y agotados que se encontraban los soldados.

Cuando este ejército de salvamento fue rechazado, la ciudad de Alesia se rindió ante César, y una vez dentro exigió que todos los guerreros galos depositaran las armas a sus pies. Según nos cuenta Julio César en su “Guerra de las Galias”, cuando le llegó el turno a Vercingetorix este le dijo: “Heme aquí, un hombre fuerte. Me humillo ante ti, hombre fortísimo”.(Haciendo alusión al mérito que supuso unir todas las tribus galas siendo tan joven y las tribus tan conflictivas). César despertó en el senado grandes envidias a su vuelta y no fue tratado con la pomposidad que correspondía a su hazaña, y Vercingetorix, fue hecho esclavo y llevado a Roma, donde aguardó seis años para aparecer durante el desfile triunfal de César y donde tras eso, fue estrangulado (más concretamente, ahorcado) por orden del propio César.

(Histocast-sitios legendarios)

 

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